Cuando leí las experiencias de mis compañeros sobre los aprendizajes me di cuenta que no era la única que percibía las matemáticas como un tema insoportable por la manera en la cual se presenta para ser comprendido por los alumnos.
Recuerdo mi tercer año de primaria, las bancas vacías por que los alumnos hacían fila en el escritorio de la maestra para ser revisados en sus divisiones, mientras yo sentada en estado de angustia veía una y otra vez la hoja de mi cuaderno sin comprender que era dividir con esas cifras.
Pasado un rato me arme de valor y por tercera vez me instale al final de la línea, el rostro de la maestra era de sorpresa mezclada con irá, no tenía nada y mi voz tembló al decir: maestra no lo entiendo ¿puede explicarme de nuevo?, su voz resonó como cuando mi mamá me regañaba, respondió: no! tienes que resolverlo sola, regrese a mi asiento ante la mirada burlona, de algunos de mis compañeros y otros de conmiseración (debo mencionar eran los menos). Sentí un dolor en mi garganta y un deseo infinito de golpear mi cabeza para acomodar un poco las ideas y que estas fluyeran, fracaso total me decía una y otra vez. Después la maestra “amablemente” recordó que era importante conocer las divisiones y realizarlas para “pasar de año".
Muerte, un rayo, saltar de la azotea, huir de casa… todo esto paso por mi mente ante
tal fracaso, no sé el uso de los números, soy incapaz, nunca pasare tercero y un sin fin de ideas más pasaron por la cabeza, al fin pregunte a mis compañeros y repetían lo mismo que la maestra al explicar, pero entonces…¿por qué no puedo comprender lo que me dicen?, según Berger y Luckman: “Sé que existe una correspondencia entre mis significados y los suyos; el conocimiento del sentido común es el que comparto con otros en las rutinas normales de la vida cotidiana”.
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El viernes por la tarde estaba en la puerta de mi casa, sentada y llorando sobre mi cuaderno abierto en la hoja de las divisiones, tuve entonces: “La experiencia más importante que tengo de los otros se produce en una situación “cara a cara”, que es prototipo de la interacción social y del que derivan todos los demás casos”. Mi vecino dos años mayor regresaba de su colegio, me miro y al acercarse me pregunto la razón de mi tristeza, le respondí: reprobare el año porque no sé dividir, el sonrió y dijo: es lo más fácil del mundo.
Se sentó a mi lado y me explico como su maestro le enseño, realizo las dos primeras divisiones en la hoja y de pronto... ¡comprendí!, en verdad que era fácil, pero lo explico de tal manera y con tanta paciencia que aprendí y no solo eso sentí un momento de alegría mezclada con felicidad y sabor a triunfo, ahora siempre que alguien se muestra frustrado recuerdo ese estado y también la sensación al lograr con éxito la labor. “En la vida cotidiana el conocimiento aparece distribuido socialmente, vale decir, que diferentes individuos y tipos de individuos lo poseen en grados diferentes. No comparto en la misma medida mi conocimiento con todos mis semejantes, y tal vez haya cierto conocimiento que no comparta con nadie”.
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Recupere el aliento, curse el tercer año, la maestra me pregunto si al fin comprendí y respondí que tuve un buen maestro: mi vecino (esto me valió un castigo de una semana sin recreo).
P. Berger y T. Luckman, La construcción social de la realidad. Los fundamentos del conocimiento en la vida cotidiana, incluido en el texto de Shutz . Recuperado en: http://goo.gl/lmj29r última revisión 10 de mayo 2016.


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